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  • Jugar en casa…

    Publicado el 16 16UTC noviembre 16UTC 2009 LuisJulio Sin comentarios aún ...

    Estaba enganchado al poker online, se pasaba horas al volver del trabajo pegado al portátil que tenía en su casa. No le bastaba con una mesa,era capaz de estar jugando en varias a la vez.

    poker11
    Había sido jugador de poker desde joven, aún recordaba las largas y disputadas partidas con toda su pandilla mientras las primeras novias esperaban aburridas a que acabasen.


    Era un jugador cauto y atento, no en vano adoraba la asignatura de matemáticas y sabía que todos los juegos de cartas tenían un componente numérico que le fascinaba. Así fue estudiando y practicando hasta convertirse en más que un decente burlador.

    Un día al llegar a su casa y cuando, raudo y ansioso sin ni siquiera quitarse la chaqueta, se vió abriendo el ordenador un revoltijo de pensamientos vinieron de golpe a su cabeza: “Me paso horas en la oficina delante de éste trasto y también en mis horas de descanso, no será demasiado?…no veo a mis amigos desde sabe Dios cuánto tiempo.”

    Y así tomó una determinación, llamaría a todos sus viejos amigos y quedarían para tomar algo; recordarían los viejos tiempos y, estaba seguro, sería una divertida velada. Y su cabeza empezó a darle vueltas a cómo organizar tan especial reunión: Quedaremos en un bar o les pondré unas copas en casa?…pensaba. No tenía aún muy claro cómo organizar el encuentro.

    Mientras estos pensamientos le rondaban se dijo qué porqué no jugar una mano pues era cosa que le relajaba mucho. Y cuando jugaba, en medio de una mano disputada, le vino la luz, cómo no se le había ocurrido antes se preguntaba…jugarían al poker, una partida con todos sus compañeros de antaño.

    Qué mejor forma de recordar batallitas y anécdotas varias que alrededor de una mesa de poker?…pero ésta buena idea tenía dos pequeños inconvenientes: dónde y cómo. Necesitarían un sitio donde pudieran estar a sus anchas y con la infraestructura mínima y necesaria para que todo discurriese a la perfección. Seguro que en Internet encontraría la solución.

    Buscó algún local apropiado y en esas estaba cuando encontró una página desde dónde era posible comprar fichas de poker, maletines e, incluso, mesas.

    No le daría más vueltas compraría una buena mesa de poker y un maletín de fichas; así podría organizar una buena timba en su casa, tenía un espacioso salón donde cabrían de sobra todos sus amigos y disfrutarían de la tranquilidad y libertad necesarias.

    Hizo el pedido y al día siguiente ya le había llegado una mesa octogonal para ocho jugadores y el maletín con las fichas y un par de mazos de cartas de la mejor calidad. Lo abrió nervioso y al verlo ya estaba impaciente porque llegase el dia en que lo estrenaría.

    Y llegó la ocasión; era viernes por la tarde y nadie trabajaba al día siguiente, podrían alargar el reencuentro todo lo que les apeteciera; poco a poco fueron llegando aquellos con los que compartió sus primeras vivencias de adolescente y, más tarde, adulto. Se sorprendió de la de cosas nuevas que tenían todos que contarse, tal parecía que llevaran siglos sin verse.

    Y, una vez cenados, les propuso se sentaran a su nueva mesa e impaciente mostró el maletín: “Vamos a jugar como los profesionales!”….

    Aquella partida fue inolvidable, parecía que el tiempo se hubiese detenido y allí estaban todos de nuevo enfrascados en sus manos, discutiendo y faroleando. Había sido un éxito y todos le animaron a repetir e, incluso, alguno fue más allá y decidió que había que institucionalizar estas partidas.

    Una vez se fueron todos, el salón lleno de vasos terminados y ceniceros colmados, se dio cuenta de cuánto más enriquecedor y divertido era jugar viendo la cara y apuros de tus contrincantes.

    Desde ése día el portátil durmió el sueño de los justos…

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